Una ciudad aporófoba
Desplazar hacia la periferia a las personas con menos recursos, negarles la ciudad, es una inadmisible forma de violencia.
En Grupo 7, una de las mejores películas de Alberto Rodríguez, el director andaluz narra cómo se “limpia” una ciudad de forma previa a un gran evento. En este caso, Sevilla con la Expo 92. El grupo policial encargado de ello transita la zona céntrica requisando la droga -y a veces traficando con ella- y amenazando a drogodependientes y prostitutas con el objeto de desplazar la marginalidad hacia el extrarradio. Que exista, pero que no se vea.
Salvando las distancias, en Jerez, en pleno siglo XXI, ha habido recientemente un movimiento parecido que ilustra cómo solo ha cambiado la técnica de desplazamiento. El Ayuntamiento ha cerrado el albergue municipal ubicado en el barrio de Santiago, aludiendo a las pésimas condiciones del inmueble, y ha creado un Centro de Baja Exigencia a las afueras de la ciudad. La nueva localización se encuentra a unos cuarenta y cinco minutos andando del centro de la ciudad. Las personas en riesgo de exclusión tendrán que emplear hora y media en ir y volver al centro.
Todo ello ha sucedido sin la colaboración de las asociaciones dedicadas a las personas vulnerables y en situación de sinhogarismo. Para controlar el relato, la alcaldesa ha invitado a colectivos y asociaciones a participar con propuestas para darle un nuevo uso al edificio de Santiago donde se situaba el albergue municipal. En pleno agosto, “hasta el día 15”.
Jerez, una ciudad enfocada al turismo de taberna, donde el espacio urbano del centro está carcomido por las mesas de los bares y las viviendas infectadas por la epidemia del Airbnb, desplaza la pobreza, negándole a parte de la ciudadanía su derecho a la ciudad. Así, encontramos un centro histórico famélico, con cientos de casas fantasma, una “ciudad decorado” al estilo de Dubrovnik.
Henri Lefebvre, en “El derecho a la ciudad” (Capitán Swing), dice que la ciudad es un lienzo donde se expresan los conflictos de clases, e invita a lograr una auténtica democracia en la gestión y organización del espacio. En las ciudades, según Lefebvre, el espacio social ha de ser obra, diseño y proyecto de quienes lo viven y lo atraviesan. Y no tiene sentido que las élites, que viven de mansión en mansión, de burbuja en burbuja, determinen cómo se estructura y se convive en el espacio público.
El otro día, me escribía un amigo lamentándose de que en una mítica plaza de Jerez no se vean ya niños jugar, de lo que ha crecido el espacio destinado a bares y restaurantes. Tenía razón. No dejamos lugar para los niños, tampoco a los migrantes adolescentes, ni a las personas mayores que no gasten dinero, pero sobre todo, no dejamos lugar a la pobreza. Penalizamos, perseguimos, estigmatizamos y escoramos la pobreza a un rincón como quien acumula la basura, para que no nos salpique ni una gota de miseria.
Una ciudad responsable trataría de integrar a todas sus gentes y pensar fórmulas de convivencia, pero la ciudad que quería ser Capital Europea de la Cultura no pierde el tiempo cuando nadie le ve, creando una estructura social clasista y difícil de habitar por las clases populares.
Un libro: Poeta muerta, de Patricia Heras.
Un libro punki, mutante, durísimo y radicalmente bello sobre la vida de Patricia Heras y sus últimos días en prisión tras el caso Ciutat morta. La narradora y protagonista desnuda su alma a base de poesía, diarios y crónicas de una muerte anunciada. Un libro fascinante.
Un podcast: Un libro, una hora.
Estoy totalmente enganchado a este podcast donde Antonio Martínez Asensio repasa, en una hora, grandes clásicos de la literatura. Hay un trabajo de narración y edición detrás casi inmejorable. Desde Virginia Woolf, a José Saramago, de Stefan Zweig a Lorca, pasando por Natalia Ginzburg. Lo mejor es que me quedan cientos de episodios en el repositorio. Lo puedes escuchar aquí.
Una película: Valor sentimental, de Joachim Trier
Me gustó, y cuanto más la pienso más me crece, esta película que obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera. Es un drama sobre la soledad, la ausencia, la incomunicación y la salud mental con la creación cinéfila como escapatoria y expiación. Y tiene toda la estética y estilo de un autor que está construyendo una sólida carrera sobre el dolor que habita en el ser humano contemporáneo. Está en Movistar y Filmin.
Y estos días de bochorno, piscina y lecturas, ando preparando un par de proyectos que me tienen entusiasmado, pero que aún no puedo desvelar. A ver si se van sedimentando y puedo comentarlo por aquí 😊
Entre tanto, he lanzado un taller literario para septiembre (tenéis los detalles en la imagen) y sigo leyendo los manuscritos de todas aquellas personas que creen que puedo orientarles sobre sus proyectos de novelas. Un verano, como no podría ser de otra manera, de letras.
Y eso es todo, que no es poco. Espero que estéis pasando un feliz verano 🌞.
Huelga decirlo, pero no dejaros llevar por la ola de odio y xenofobia que inunda la vida digital. Este mundo tiene una cara b, llena de buena gente mucho menos ruidosa, que nos recuerda lo bonita que es la vida. Céntrate en ellas y en las cosas que te apasionan.
Nos leemos a la vuelta del verano 💜




